domingo

Domingo

A veces siento que el piso ya no esta ahi,
en especial cuando me despierto con todo
el peso del tiempo sobre mi paciencia

viernes

Relatividad

Tiempo maldito que pasas lentamente
como haciendo shopping
en un mall nacido
que todo
pudre

Ventana pasillo

Se alarga la via
con luces de colores
mientras se oyen violentos
los bufidos metalicos
de tremendas bestias acorazadas
que apresuran
a gritos
su paso hacia
una muerte encajonada
por tubos de neon

miércoles

los vacios de memoria
se llenan con disyuntiva
fatal no saberse vivo

martes

Proud

Suddenly it just became
an old fashioned situation,
and like everything else
his lame behavior ended
creating a abomination
worse than his own ego.

domingo

Como caida del cielo.

La muy maldita me abrazo al instante,
sabia que no la esperaba.
Me despeino por completo al tirar de mi cabello
mientras se columpiaba sin tregua,
se apoyo sobre mis hombros riendo entre dientes y
se sentó sobre mi equipaje jactándose de su poco peso,
sabiendo que con cada segundo se me hacia mas pesado
el camino a casa.
Reía a carcajadas mientras me acariciaba las rodillas
con esas frías manos que antes adoraba,
y me besaba los pies
con esos labios in(f)vernales que fueron mi delirio,
burlándose desvergonzadamente
de mis zapatos rotos.
Aun ahora se ríe desde la calle
y grita por mi ventana,
sabiendo que no hay peor venganza
que la de una vieja amante.

lunes

Nuevamente me acoste fumando el corto dia,
para despertar de entre sueños nicotinicos.

domingo

EDUCACION
Tape los agujeros del suelo y tapice los muros,
ya no siento los gritos y maltratos del tiempo,
pero siguen ahí.
Odio levantarme pensando que soy otro,
y putearme la tarde entera por
vivir de sombras ciegas.

El medico del pueblo

El vacio absoluto
se vuelve mucho mas tentador
que una noche de sueños fragiles.
¿Sera que
cualquier cosa
supera las espectativas del
vacio?

Modorra

Mis sueños han traido de regreso
la imagen y peso de sus besos amargamente
cancerigenos.
Estos dias diran
si he enterrar a los visitantes
o dejarlos volar
en compañia de la musa que nunca fue.

¿Qué se debe hacer,
debo matar esta paloma?

Sol de Octubre



La mosca daba vueltas sobre la cabeza del niño. Su cabellera parecía un trozo de alfombra turca, con pequeñas motas coloradas del porte de un guisante, tenia los ojos de un color café, como el roble, se llamaba Juan, como su abuelo, pero al mismo tiempo no, ya que siempre recordaba lo que su madre le decía

--- ¡Te he dicho 100 veces que no te llamas como tu abuelo!---con el ceño fruncido su madre replicaba--- ¿Acaso me quieres matar de nervios?
--- Pero, que el abuelo no se llama...
--- ¡Si!--- respondió a gritos su madre--- Juan, pero no es en honor a el que te llamas así, así que no te llamas como tu abuelo, ¿entendiste?
--- Si mama --- mirándola como a un cachorro asustado--- aunque no se porque te molesta tanto.
Si Juan hubiera sabido en su niñez, cual era la razón por la cual su madre llegaba a parecer un toro en las corridas de los domingos, probablemente no hubiera querido llamarse Juan.

--- Me habría querido llamar Javier ahora que lo pienso, tal vez Diego, pero bueno lo hecho, hecho esta--- decía Juan cada vez que recordaba su niñez--- claro que ahora Juan me sienta bien, muy a secas, Juan Opaso. Gracias a Dios que mi madre nunca dijo nada.
--- ¿De que hablas Magoño?--- le pregunto Luís con recelo, lo miraba como si estuviera loco-- ¿otra vez recordando pendejadas?
--- ¡Carajo Lucho!--- respondió Juan, con una voz ronca, como el crujir de la madera en el bosque--- déjame en paz, que me gusta pensar en la mierda de pequeño
Se incorporo al trabajo, tomando un par de palos y acarreándolos hacia el carro concluyo:
--- Estaba pensando en el secreto ese, el que siempre traigo en la cerviz.
--- El de tu abuelo, ese tal --- dijo Luís riéndose, con cara de burla, y mirando lo fijo--- ¿Juan Cubillos?
--- Si, y si te ríes de nuevo --- tomando a Luís por el cuello--- te parto la cara Lucho, ¿claro?
--- Claro--- dijo Luís tragando un flema en su garganta.

Juan jugaba con su tren de madera, en la habitación de su padre; era un cuartucho de las mineras, con suelo de tierra, paredes de madera, no mas gruesas que una vara de membrillo, una ventana pequeña que daba luz durante un par de horas y que luego permitía el paso de arañas y zancudos. El cuarto no tenía luz, y solamente se ventilaba al mantener la puerta abierta, una cama de paja y una mesita con un retrato de una mujer, a quien Juan no conocía, eran el inmobiliario del cuarto-casa. La mujer de la imagen, era su madre, había muerto en el parto según le contaron, claro que él no sabía aun que era un parto, ni que significaba tener madre.
Jugaba concentradamente, como cualquier niño, imaginándose dentro de la caldera arrojando carbón para mover la maquina, creía ser maquinista; con su atuendo, la pala y los guantes, Juan era feliz. En ese momento entro un hombre con la cara sucia, llena de tierra y sudor, con un olor a sal, aceite de motor y un perfume de supuesto azahar. Era el padre de Juan, el respetado Don Diego, que venia del trabajo, con su típico caminar ladeado; había perdido un pie en la guerra del pacifico y luego termino por perder la pierna en un accidente con una carreta. Juan siempre admiro la prótesis de madera, esa mal llamada "pata de palo", como le decían los amigos de su padre, por su gracia y su parecido a una pierna real.
Diego Cubillos llegaba cada tarde con la comida y otras provisiones, aunque a veces llegaba con ganas de morir de hambre y dejar de levantar piedra tras piedra, solo para comer. Era en esos momentos cuando ver al pequeño Juan en el suelo jugando lo animaba a seguir.
---Cuando crezcas, iras a estudiar al extranjero--- le decía a Juan--- no serás como tu padre, el trabajo honrado no paga tan bien como el pensamiento, en estos días...
Juan nunca respondía, no porque no quisiera, ni porque no supiera como, solo porque el jamás oía a su padre, estaba tan absorto jugando con su locomotora que solo cuando su padre lo tomaba en brazos, lograba soltar un par de silabas
--- Si papa, déjame seguir jugando, ¡casi llega a Canama el tren!
--- Calama, Juan, Calama, se llama así porque...
Pero ya era tarde, nuevamente Juan estaba en el suelo dando ruidos parecidos a los de una tetera, claro que a su parecer, eran sonidos de una locomotora.

El sol hacia parecer al infierno, paraíso, a las 2 de la tarde se podía freír huevos en las rocas y cocer carne de res a la sombra, como "un gran horno" según Juan. El desierto no perdonaba la vida, como un tirano egoísta, trataba de eliminar todo lo que se posara o moviera en el, solo las ráfagas de aire calido permitían un descanso para los innumerables exiliados, seres solitarios, con tez oscura y manos endurecidas, de plomo y estaño, moldeables, pero inmóviles.
Juan se movía, se movía cansado, como si hubiera nacido cansado, llegaba por primera vez a ver un lugar tan seco, ni siquiera había pensado en encender su cigarrillo. Llevaba semanas caminando por el árido desierto, había transitado por las líneas de tren, testamentos de una era pasada llena de riquezas y derroches. Tal como lo había hecho su abuelo, Juan caminaba tarde y noche, dormía enterrado desde el amanecer hasta más allá del mediodía, y se aplicaba un jarabe de ñatre en la piel, para evitar a los alacranes. Buscaba una vida nueva, dejar atrás, sin melancolías ni nostalgias de cantina, sin buscar el recuerdo en el fondo de un vaso, sin tener que sudar noches de amor falso, para poder llorar por la mañana arrepentimiento verdadero. Aun así, aun cuando camino tanto, no había podido olvidar, tenia el olor a tabaco en su nariz, en la mollera, y el gusto a sangre en la boca, como si sus encías sangraran. Destellos habrían de atormentarlo, cada noche en sueños, destellos que solo desperecerían después de encontrar a Pilar. No había comido desde hace 3 días, parecía tener el vientre pegado a la espalda, las ulceras provocadas por el alcohol en sus noches bohemias, le producía un terrible dolor en el abdomen, como cuchillos desgarrándole el estomago. La arena, lo había dejado parcialmente ciego, y su nariz parecía tener kilos y kilos de mugre, a su parecer, el infierno seria un paraíso.
--- ¡Mierda!--- grito Juan, como si alguien lo escuchara--- ¡Que me trague la tierra!... ni siquiera morir se puede en este desierto...

--- Juan no hagas eso--- dijo su madre--- te hace mal, para la sangre y el hígado, el doctor dijo que no comieras tierra.
--- ¡Pero mama!--- respondió el chicuelo, con la boca manchada, con lodo en las mejillas y las manos embarradas--- no estaba comiendo tierra, es un pastel de chocolate, de esos que hacia doña Inés...
--- Niño, no le mientas a tu madre, vas a botar gusanos por decir mentiras.
--- Mama, ---respondió Juan nuevamente, esta vez no como un niño, sino con un aire de madurez--- no estoy mintiendo, si quieres te convido pastel.
--- Dios mío--- Lucía se rió mirando al chico, que le devolvía la mirada con inocencia--- te pareces tanto a tu padre.

Noctambulo


Mirando lentamente el cielo, me detuve y pense "¿que frio no?" y lo mas extraños es que alguien me respondio "si lo piensas no es tanto", "¿perdon?" dije yo "no he dicho nada, tal vez penso que asi habia sido" dijo ella y sonrio, caen gotas, paraguas, sapos y solo veo agua corre, sangre y miel, una pocima secreta y pasa el cascanueces flotando, siempre flotando. Pero eso no me detuvo, libre recorido, carpa roja, deal de metal, mantequilla de cabra, jabon que reseca, oso panda, mi madre siempre repetia tanto esto que ya no creo saber el motivo de porque. Tal vez era un chico sucio, o un niño problema, el circo talvez. ¿Que se habara hecho de esas margaritas en el jardin? se volaron junto con las aves, o se enterraron con los insectos, pero no bailaron mas para mi, como torres que se mecen en el viento, o el viento que abraza una mujer con sombrero. Azahar o azar, la mañana me tiñe verde y amarillo, azul y naranja, rojo y y pastel, perro y limon, mesa y flor, sebo y vela... solo cuando las mañanas comienzan a retroceder vuelvo a ser yo, el mismo que esta sentado en la hierba, con el cigarrillo en la mano, y el paquete que dice "Marlboro" en el regazo, sueños de vejez, deseos de juventud, recuerdos de niñez, un hilo con medallas, un cordel con con cartas pedientes, las tomo, las miro, mientras sus letras se transforman, cambian, vuelan y dejan un papel en blanco, en planta, en vida, me vuelvo agua, me hundo en tierra, el cuarto se ilumina, me pellizco, duele, sangra, solo entonces se que sueño, debo volver a vivir con las cartas, cae un balde que no es balde, un sombrero, que dice caminar, que lleva los sueños de 100 hombres, un momento de luz, ojos que hablan, bocas que lloran, y silencio, solo silencio.